El secreto para distraer a los niños en casa durante la cuarentena puede estar entre ollas y sartenes. Ir a la cocina con los pequeños no sólo es una buena distracción durante los largos días de encierro, sino también una forma de aprender a acercarlos a la comida y su origen.

«Introducir al niño desde una edad temprana a la cocina es sólo beneficioso. Son curiosos por naturaleza y la cocina es un lugar lúdico», revela Betty Kövesi, profesora en las clases de los niños de la escuela de cocina fundada por su madre, Wilma Kövesi. «Cuando el niño participa en el proceso, tiende a experimentar, y esto aumenta su repertorio de sabores».

Para Betty, no hay edad para empezar. La cuestión es adaptar las tareas para cada grupo de edad: con los pequeños, entre 1 y 2 años, poner en sus manos la masa preparada; si son un poco más grandes, distribuir los ingredientes en tarros y pedirles que mezclen, y así sucesivamente…

Las personas mayores pueden repartir los ingredientes ellas mismas«, explica. Betty sugiere ñoquis de patata como un buen punto de partida. «Puedes mostrarlo desde la transformación de la patata y hacer del proceso un momento de juego». Hacer las «serpientes», moldear los ñoquis, verlos subir al agua.

El ingrediente correcto. «La harina y el chocolate son infalibles para los niños», dice el chef francés Alain Uzan, profesor de la sucursal de Le Cordon Bleu en São Paulo y padre de dos hijos. Para él, los dos ingredientes son los mejores para comenzar la experiencia de la cocina.

Las galletas, el pan y la pizza casera son preparaciones atractivas que hacen que los niños literalmente pongan sus manos en la masa. «En el caso de la pizza, además de hacer la masa, puedes desafiar a todos a inventar su propio relleno. Con los ravioles, cada uno hace una forma diferente y, a la hora de comer, pueden identificar los que hicieron», sugiere. El secreto para él es invertir en recetas fáciles, sin complicaciones, para no frustrar a los niños al final.

Otro consejo de Alain es estimular la experiencia con accesorios: ponte un delantal, haz un sombrero de cocinero con una hoja de sulfito y escribe el nombre del niño. «Todavía puedes tomar una foto, enviarla por correo, enviarla a toda la familia. Así el niño está muy orgulloso.» De su receta con sus hijos, indica los panqueques como un buen punto de partida, «hechos con la masa (receta abajo), cada uno se enrolla y se llena con lo que quieras».

Lia Quinderé, de Sucré, madre de dos niñas, sugiere hacer galletas (receta abajo), porque una vez «calentadas fuera del horno, calientan el alma y el corazón en estos tiempos de cuarentena». «Cocinar con las chicas, además de enseñarles disciplina, todavía las entretiene», dice.

Y también está el lado terapéutico de la cocina. Los dos hijos de la psicoanalista Mariana David -Gabriel, de 10 años, y Joana, de 8- van a la cocina con su madre desde muy pequeños, todavía en cabestrillo. Fundadora de Cozinha como Experiência (@cozinhacomoexperiencia), un proyecto que une el psicoanálisis y la cocina, Mariana ve la intimidad con la cocina y el conocimiento de lo que se come como uno de los primeros grandes pasos hacia la autonomía. «La cocina termina siendo vista como un lugar amenazador, desde la distancia. Por el contrario, es superimportante estar cerca de ella. Es un lugar que rescata las tradiciones y la historia».

Vale la pena recordar: nunca dejes a los niños solos en la cocina; siempre es importante tener la supervisión de un adulto. Para continuar el juego, en la página web de Paladar (bit.ly/cozinhacança), hemos reunido otras recetas para hacer junto a los pequeños.

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