De la pandilla a la cocina

Artículo de José María Gómez Vallejo para el Centro de Colaboraciones Solidarias. Rafa corta unas patatas mientras el aceite se calienta en la sartén, luego añadirá una pizca de sal y las juntará con dos huevos batidos para hacer una tortilla. Él es un joven dominicano de veintiún años que pertenecía a una de las bandas latinas más peligrosas, ahora ha conseguido convertirse en cocinero gracias a la escuela de hostelería CESAL, que imparte clases de cocina a personas en riesgo de exclusión social en Madrid desde hace cinco años.

“Si la cocina no hubiese aparecido en mi vida, estaría en la cárcel, cumpliendo treinta años de condena, o muerto, como alguno de mis amigos”. Rafa quiso abandonar su anterior vida cuando una banda rival asesinó a un compañero. “En ese momento me di cuenta de que el muerto podría haber sido yo”, dice Rafa. Desde entonces busca un futuro mejor para él y su familia, lejos de la violencia.

Hay muchas historias de superación en CESAL. Personas que quieren buscar una alternativa a su situación, aprender y sentirse útiles. No importa de dónde procedan o si han tenido un pasado problemático, lo principal es esforzarse para salir adelante, ser constantes. Alejo tiene síndrome de asperger pero no le impide ser uno más del grupo: “mis padres están muy contentos al verme disfrutar y cuando les cocino en casa todo lo que he aprendido”. Tawa fue una víctima nigeriana de trata de personas durante meses y, tras huir de la mafia, ha encontrado en la escuela una esperanza para ella y su hijo: “ahora lo único que quiero hacer es aprender a cocinar y tener un futuro alejado de las calles y de la prostitución”.

En CESAL han pasado más de doscientos cincuenta jóvenes desde su apertura, de los cuales ochenta encontraron trabajo tras finalizar la formación. “Son los restaurantes los que me llaman para que les envíe alumnos. Esto no es un curso de cocina. Esto es el inicio de un futuro laboral”, cuenta De Isidro, profesor de la escuela. Este proyecto busca una educación inclusiva e integral, ya que no se trata sólo de una formación para buscar un empleo, sino aumentar la autoestima y confianza en uno mismo, aprender a trabajar en equipo y convivir con los demás

Es posible comenzar de nuevo, poner solución a las adversidades y acabar con los estigmas que limitan nuestro crecimiento como ser humano. “La vida te quita oportunidades, pero también te las da”, cuenta Rafa.

José María Gómez Vallejo

Periodista

Twitter: @JmGomezVallejo

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